Alber Elbaz, desde LANVIN, con amor

Alber Elbaz es de aquellos creadores que han puesto su sello en diseños míticos. Es el momento oportuno para escribir sobre su historia, celebrando su aportación al diseño creativo. Así lo creo.

Alber Elbaz siempre firmaba sus zapatos. De tal manera bonita que, en el interior de la plantilla, en letras cursivas, la temporada de cada creación aparecía, como si de un secreto se tratase. Sabias, nada más empezar a andar, que llevabas un diseño de Alber Elbaz. Yo misma he vivido esta experiencia.

Catorce años al frente de LANVIN, quizás el tiempo cuando este diseñador más alza las alas de su afán creativo.

Las colecciones presentadas entre 2001-2015 de la mano de Elbaz se superan, una tras otra, entre si. A lo largo de más de esta década al frente de Lanvin, Alber Elbaz convierte a la maison en el epítome de la sofisticación.

Demuestra un trabajo impecable y una férrea dedicación a traducir los sueños en prendas que nutren el armario femenino. Entre sus creaciones, una prenda se alza, como leitmotiv, colección tras colección: el vestido. Lo encuentra similar al uniforme, en funcionalidad. El vestido es para él el perfecto aliado del guardarropa de la mujer. El vestido se convierte en la solución para vestir a diario. Nuevos acabados, mezcla de su dureza y sensibilidad, Elbaz deja apropósito los vivos de las prendas inacabadas.

Un sello que le pertenece.

Este diseñador de origen israelí entrega sus sueños y su imaginación al servicio de la mujer. En su viaje onírico surgen volantes, pliegues, perfectas caídas de tela en la falda, estudiado volumen en las mangas. Un ejercicio de maestría volumétrica. El color influye en cada pieza que lleva la firma de Elbaz para Lanvin, porque su sensibilidad para la confección no permite que todos los patrones o siluetas se acompañen con cualquier color. Cuando los ingredientes de la prenda cuadran a su gusto, aparecen los accesorios (broches, collares, pendientes y pulseras) y se asientan en la belleza de su composición.

Alber Elbaz es defensor de una estética no-estricta.

Fuera de las exigencias de la pasarela, siempre busca la tolerancia en tallas. Por ello, su labor de conocer, entender el pensamiento de una generación, es fundamental. Se declara un espíritu libre. Creativo, por supuesto. Su perfil discreto y poco amigo de los grandes gestos mediáticos, junto con su indumentaria tan característica (nos habitúa verlo llevar zapatos desgastados, enorme pajarita y gafas de pasta cuadrada) hacen de él una figura entrañable dentro de la industria de la moda.

Pero la esencia de Alber Elbaz es la del genio de una generación.

Esa edición limitada, irrepetible. Justo contrasta con la linea de zapatos, diseño genial que se veían en los desfiles de Lanvin de la era Elbaz. Impecables, fascinantes, controvertidos. Mezcla de charol, texturas de influencia animal, seda y todo en tonos atrevidos, marcando paso para una mujer con definida personalidad y, sin embargo, discreta.

Alber Elbaz recorre el mundo, desde Marruecos, a Israel, después Nueva York, pero Paris es la llamada. Para el diseñador de origen israelí, cada etapa constituye la base de la formación y el aprendizaje en el mundo de la moda y, aunque la casa Yves Saint Laurent lo ficha enseguida, nada mas llegar a Paris, su destino se sella con Lanvin.

Estando en Yves Saint Laurent, decía: «Yves Saint Laurent por Alber Elbaz, no Alber Elbaz para Yves Saint Laurent” y éste era el llamamiento que regaló entonces al mundo. Un ligero matiz gramatical para poner de manifiesto su respeto por las creaciones de Yves.

A Elbaz le debemos la ocurrencia del aspecto del empaquetado característico de Lanvin: el color azul forgetmenot claro, su tono favorito. La caja de zapatos diseñada como si fuese un antiguo archivo de biblioteca y atada con lazo negro, enfatiza a la perfección la presuntuosa naturaleza del artículo diseñado con amor, por el israelí.

Talento irrepetible y una sensibilidad que hacen que cada uno de los diseños de Elbaz sean un secreto llevado a flor de esencia femenina. Una prenda creada por Alber Elbaz es toda sensación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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